De los Sacrificios a la Mirada

 

Me es difícil imaginar que esta es la primera vez que veo pinturas que, teniendo una distancia de diez a doce años están reunidas en un solo lugar, aquí hay obras que nunca habían sido exhibidas, obras que se mantuvieron enrolladas por mas de diez años, cambiando de closet en closet de casa en casa, de departamento en departamento, presionadas por las manos grandes y torpes de los cargadores de mudanzas, años en que si bien no me he movido de México pareciera que ya hay mucho kilometraje.

 

Hablar de mi obra es también hablar de mi, la necesidad de fijar un propósito una idea un proyecto, una visión poética de una realidad hecha de dolor y transformación, he vivido experiencias que nadie le ha tocado siquiera vislumbrar, y en medio de toda ese horror crear, es realmente difícil, los tiempos de universidad los recuerdo como si los hubiera vivido en un exilio interior, un espacio en donde he podido imaginar mundos de martirio; pero que es el sacrificio, sino lo que se transforma, que es, sino aquello en lo que deviene otra cosa, siempre he dicho que he seguido un camino extraño, es raro partir desde el expresionismo y terminar en formas que parecieran jugar con el realismo y el hiperrealismo, estas dos nociones últimas siempre me sido incómodas es fácil suponer que lo que semeja algo es tal vez cercano a alguna convención, lo que se parece, pudiera ser reconocido es fácil suponer que se trata de algo que veo allí pintado sobre la tela, sin embargo quienes así lo han creído como dice Eduardo en la presentación del catálogo de ésta exposición es una mentira, no hay tal realismo ni siquiera hiperrealismo, sino la invención de algo otro que finalmente deviene imagen, y más que eso mirada, ya no es el objeto el que está ahí sino la mirada que lo ha hecho imagen, una imagen que pareciera convencernos de que es real, pero la realidad es la construcción cotidiana de nuestras creencias así, por lo tanto no hay representación, nada es lo que aparenta, nada es más engañoso que dar por hecho lo que se mira, al final lo que es reconocible solo lo es porque necesitamos creer, el ser humano está ávido de creer.

 

Al final lo que me llena es la imagen como si volviera al principio cuando leía a Hermann Broch, “la Muerte de Virgilio” y veía sus palabras como imágenes de una profunda e intensa abstracción por supuesto que era un invento, más sin embargo era mi propio sentido, mi propia mirada la que las transformaba; las imágenes transforman la mirada, y la mirada solo construye la imagen, ya no hay realidad.