LAS CITAS DE LA MIRADA

 

De las citas: Maquina de citar, de situar, de dar cita y sitio a elementos simbólicos de una    cultura plegada y desplegada en juegos de interpretación; máquina de la concreción y la sorpresa que deambula en los espacios vacíos, inacabados de las mil y un subjetividades; máquina empalmadora de diseños históricos y flujos diacrónicos.

 

De la mirada: Recuerdo un pasaje de la novela de Bioy Casares La Invención de Morel  donde un fugitivo refugiado en una isla solitaria, descubre una maquina –que impulsada por las mareas- reconstruye las imágenes holográficas de sus últimos habitantes, entre ellos está Faustine, fantasma que lo seduce y de quien se enamora.

 

El fugitivo logra hacer ver su propia imagen implantada en la grabación holográfica que guarda la esencia virtual de los últimos días de su amada. Haberse anexado a la grabación ¡claro!, implica su muerte.

 

La mente desquiciada del personaje supone que si alguien reimpulsara el mecanismo de proyección, los vería como si siempre estado juntos (el fugitivo y la amada); ver entonces sería sumar contextos significativos de diferentes épocas y morir en el beneficio del código mas potente (también ya muerto).

 

Antonio Sobarzo nos habla de mirar. Aquí la mirada (que no la visión ) es un impulso de articulación subjetiva que pierde barreras en el encuentro con las formas de la memoria; el ejercicio no lo llevaría a unirse a ningún sujeto, la soledad no es la forma-residuo sino la función. El dispositivo no intenta unir tiempos y sensaciones distintas sino que se ejerce en el múltiple de la distinción.

 

La diferencia entre los cuadros de Antonio y la invención de Morel es que en los primeros, la mirada implica el desplazamiento abductivo (con lo inesparedo que esto supone) que cierra su circuito en la propia acción vivencial; y en la segunda la maquina de la visión impone códigos que desintegran al sujeto que los ejerce.

 

La mirada del artista –libre de calcos- mapea un espacio ficticio de estereotipos pasionales desvirtuados que en una posible segunda aproximación reflejan el universo del personaje que mira (El dice que la obra en cierto sentido es autobiográfica); combina en una suerte de Phycis sobrio-cachonda, alegorías y tratamientos de antiguos maestros (Raphael, Caravaggio), íconos clásicos (la Victoria alada de Samotracia); visiones míticas, (David y Goliat); héroes populares (el Santo, el Dorado); testigos de pasiones humanas (ángeles y perros), decires de capricho amoroso (los nombres de las obras) y un “front ground” sórdido religioso (rosas negras y rojas, cuchillos, lagrimas, espinas, laceraciones, escapularios y fragmentos corporales).

 

El manejo técnico de la pintura representacional clásica de Antonio, permite un fluir constante del discurso acoherente sin fisura y sin resabios.

 

En sus últimos trabajos investiga la sintaxis expresiva del comic. ¿O será que la cita y el sitio han cambiado su hogar en la mirada?

 

 

Humberto Chavez Mayol

 

México D.F.

abril, 1999